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Valtorres, nuestro primer encuentro

Valtorres, nuestro primer encuentro

A los pies del cerro de San Juan y cerca de la vega del Jalón se encuentra Valtorres, un pequeño pueblo de Zaragoza donde los verdes y los ocres se entrelazan dibujando un paisaje que nos daba la bienvenida.

La carretera discurre entre pequeñas laderas y, poco a poco, comenzaban a aparecer las primeras casas. Un cartel de «Felices Fiestas» nos recibió a la entrada. Las calles, decoradas con pequeños banderines de distintos colores, conservaban el recuerdo de unas fiestas que acababan de terminar.

Una casa con una llamativa fachada nos recibió. Sobre la puerta, un letrero hacía honor a su aspecto: La Casa Amarilla. Allí comenzaba nuestro primer contacto con el municipio. Pablo, el creador de los Frutos del Tiempo y la persona que ha hecho posible este proyecto, nos esperaba para acompañarnos en una primera visita por el entorno. Mientras recorríamos sus calles, el Cerro de San Juan se abría paso entre las casas y nos ofrecía una primera mirada al paisaje que rodea Valtorres. Fue allí donde Pablo nos habló de las labores de limpieza y recuperación que se estaban llevando a cabo en los montes de la zona, así como de la importancia de conservar y poner en valor este entorno desde una gestión que tuviera en cuenta las necesidades y los intereses de la comunidad.

Después de este primer recorrido nos dirigimos a las piscinas, un lugar que funciona como principal punto de encuentro durante el verano, siendo uno de los sitios más animados del pueblo. Aquí pudimos conocer a la mayoría de los integrantes del proyecto y presenciar cómo el ritmo de trabajo seguía siendo intenso: el cierre de las fiestas, la preparación de las actividades previas al día del eclipse y las tareas habituales del municipio se acumulaban en una agenda que apenas dejaba tiempo para detenerse.

A pesar de ello, encontramos un momento para compartir tiempo juntos y conocernos. Fue allí cuando conocimos a Noelia y Elena, dos mujeres maravillosas que estos días nos han estado demostrando que, aunque algo sea difícil, con esfuerzo y dedicación todo se consigue. Ambas nos contaron su propia visión sobre el proyecto y, sobre todo, nos transmitieron sus ganas de formar parte de él. Desde el primer momento percibimos también la confianza que depositaban en nosotros y en el trabajo que íbamos a llevar a cabo.

Posteriormente llegó Charo, una mujer dulce y vivaz, de espíritu libre, que ha ido alejándose de la gran ciudad con el paso de los años. A medida que pasaba la tarde comenzó a llover, el olor a petricor impregnaba las calles, dejando una sensación de humedad y frescor. La conversación con Charo se extendió y lo que parecía una despedida se convirtió en un tour por el pueblo, ella con su característica voz dulce y su apariencia extrovertida, nos habló de su experiencia personal y de lo especial que era Valtorres para ella.

Durante el recorrido conocimos a Pablo, un vecino muy agradable que nos ayudó a resolver algunas de las dudas que habían surgido durante la charla y que también nos contó varias curiosidades sobre los pueblos cercanos. Más tarde se unió su mujer, Gloria, y gracias a ambos pudimos descubrir el buen ambiente y la cercanía que existe en el municipio.

Para nosotros fue algo llamativo ver cómo prácticamente todo el mundo se saluda cuando se cruza por la calle. Un gesto sencillo al que no estamos tan acostumbrados y que demuestra que Valtorres es un sitio cercano y acogedor.

Cerramos el día despidiéndonos de Charo frente al lavadero, uno de los lugares más representativos y conmemorativos del lugar. Allí nos llamaron especialmente la atención las antiguas fotografías que muestran la historia de este lugar y de las personas que lo utilizaban.

Charo nos contó una anécdota que había vivido tiempo atrás. En una ocasión, conoció a una mujer que se encontraba frente a estas fotografías, mirándolas con cierta emoción. Al hablar con ella, descubrió que era hija y hermana de las dos mujeres que aparecían en una de las imágenes. La mujer le contó que recuerda aquella época con mucho cariño, a pesar de las dificultades que tuvo que vivir su familia.

Eran una familia muy humilde y su padre trabajaba como jornalero en el campo, con unos ingresos que apenas alcanzaban para mantener a toda la familia. Sin embargo, recordaba especialmente la ayuda y la solidaridad de los vecinos, que compartían con ellos parte de los frutos y alimentos que recogían de sus propias cosechas. Una historia que muestra lo especial que ha sido siempre Valtorres y la importancia de sus vecinos.

Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla

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