
Cuando llegamos por primera vez a Valtorres, teníamos una idea preconcebida de cómo sería nuestra experiencia, sin embargo, no éramos conscientes de todo lo que acabaríamos aprendiendo. Para nosotros, estas prácticas no han consistido solamente en conocer un territorio y acercarnos al trabajo que se realiza en el campo. Sobre todo, han consistido en conocer personas que nos han abierto sus puertas, las de sus trabajos y proyectos, y que nos han permitido acercarnos a una realidad que muchas veces creemos conocer desde fuera.

En nuestra primera estancia descubrimos Valtorres, sus calles, sus paisajes y la manera de vivir de sus habitantes. Sus vecinos nos dieron la bienvenida y nos acogieron como uno más, enseñándonos esa amabilidad y cercanía que los caracteriza. Poco a poco fuimos conociendo el pueblo a través de sus historias y de las actividades que forman parte de su día a día.
Además de enseñarnos determinadas tareas y documentar los cuidados de los árboles frutales, este proyecto nos permitió descubrir nuevas posibilidades y comprender la importancia que tienen las personas que viven en estos pequeños municipios, manteniéndolos vivos. También nos ha enseñado que no solo basta con llegar, observar y documentar, sino que hay que escuchar y preguntar, porque las experiencias que hemos vivido nunca han estado guionizadas, surgieron de una conversación, de una visita y de acompañar a alguien durante su trabajo.

En nuestra segunda estancia, Valtorres nos recibió con unos colores diferentes y una tranquilidad que daba la bienvenida al otoño y que dejaba atrás el ruido y la vida que el verano puede generar en un pueblo de estas características. Ya conocíamos a la gente y esta vez no parecía extraño regresar. Las grabaciones salieron rodadas, y con ellas, la edición y gestión de todo el material.
Pero queremos poner el foco en lo verdaderamente importante, las personas que han dado vida a este proyecto:

Con Noelia hemos aprendido que la perseverancia y el coraje te mantienen a flote, que hay temporadas malas, pero el cariño por lo que haces te lleva más allá de lo posible. Noelia es una mujer valiente y con mucho trabajo, pero que saca tiempo para los más queridos. Carlos, su marido, nos enseñó en muy poco tiempo que, independientemente de ser una persona tímida, puedes trasmitir mucho más que una simple explicación, puedes trasmitir sentimiento por lo que más te apasiona.

Elena, una mujer con carácter, que siempre está ocupada, una mujer muy trabajadora y enamorada de su pueblo y su gente, llevándolo siempre por bandera. Elena fue la que introdujo el proyecto en Valtorres, ya que iba en sintonía con el proyecto que quería realizar Pablo, por lo que, sin ella, no podríamos haber sido parte de él.

Chusé nos encandiló desde el primer momento, su forma de expresarse y su amor hacia el olivo centenario, que había formado parte de su vida y de la de todo el pueblo desde hace más de 100 años, nos transmitió una sensación de paz inmensa, que dio lugar a que generásemos una gran admiración hacia él. Desde el minuto uno nos mostró aprecio y unas ganas inmensas de ayudarnos.

Javi fue al último integrante que conocimos, desde el primer instante nos dimos cuenta de que era un gran amante de la fruticultura. Sus plantaciones de cerezos, además de inmensas, eran como una imagen sacada de película, no les faltaba detalle. Gracias a él conocimos mucho más sobre las mallas antigranizo, un procedimiento muy curioso, a la vez que eficaz para poder proteger los cultivos.

José nos transmitió los saberes más profundos y las ganas de disfrutar de la vida. La edad no entiende de espíritu, y José es el claro ejemplo, a sus 84 años, se va al campo con su vespino, poda sus árboles y se encarga de su plantación de almendros, aunque no sea él el que las recolecta, sí se encarga de la gestión y desplazamiento de la producción. Un hombre fiel a su pueblo, risueño y con muchos conocimientos para transmitir; un hombre que no dudó en ponerse a podar en pleno verano para que pudiéramos emplearlo en el documental; un hombre que nos transmitió el amor hacia sus hijos y su mujer; simplemente un hombre que ha amado toda su vida.

Por último, pero no por ello menos importante, Nacho, el más joven de todos, un torbellino de ideas y un amante incondicional del campo. Con nuestra edad ya conoce gran parte de los saberes que necesita para llevar a cabo su trabajo como agricultor, pero esto no viene solo, se ha dado gracias a su perseverancia y ganas de aprender, a la pasión y el sacrificio que emplea en sus cultivos. De él aprendemos que al que verdaderamente le gusta lo que hace, se nota.
Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla.






