Telas teñidas a mano, plantas aromáticas entre los dedos, voces de mujeres del pueblo que narran su memoria, y el olor de la tierra mezclándose con el sonido del río y la música.
La Vega del Jalón nos volvió a recibir con sus verdes y ocres tan característicos, de nuevo la carretera se abría paso entre pequeñas laderas que nos condujeron hasta el inicio del pueblo.
Ha llegado el momento de ponerle fin a estas prácticas y, con ello, también es el momento de recopilar todo lo que hemos vivido durante estas dos estancias.
Últimos días en Valtorres y, con ellos, también el final de esta aventura. Han sido unos días de bastante ajetreo, en los que conseguimos realizar las últimas grabaciones y recopilar la información de las personas que han participado en el documental en menos tiempo del que habíamos necesitado durante nuestra estancia anterior.
Nos levantamos como si todavía estuviéramos en una mañana de verano, como si el otoño se hubiera detenido por un momento para permitir a los habitantes del pueblo seguir disfrutando del buen tiempo un poco más, sin darse cuenta de que el campo no entiende de pausas y continúa su propio ritmo, siguiendo un ciclo…
Una historia, un triciclo histórico y el pájaro estrella del festival: así lo cuenta Ulder
Una mirada a la agricultura de Valtorres a través de dos generaciones.
Un olivo centenario que, entre sus ramas, guarda la memoria y el cariño de todo un pueblo
Los días siguientes nos han permitido seguir conectando con Valtorres y su gente.
Cuando alrededor todo es naturaleza, resulta imposible desligarse de ella para borrar cualquier tipo de conexión con la tierra, los montes, los árboles y los ríos. Aquí, en el Valle de Araitz, los niños juegan descalzos en los charcos que dejan las tormentas veraniegas mientras los adultos observamos su divertimento y nos reímos con ellos.…
A los pies del cerro de San Juan y cerca de la vega del Jalón se encuentra Valtorres, un pequeño pueblo de Zaragoza donde los verdes y los ocres se entrelazan dibujando un paisaje que nos daba la bienvenida.
El río Arlanza las esperaba; 120 metros de telas fueron lavados la mañana del 18.