
Documentando Izar Hautsa: un diálogo de arte, tormenta y comunidad en el Valle de Araitz
Cuando alrededor todo es naturaleza, resulta imposible desligarse de ella para borrar cualquier tipo de conexión con la tierra, los montes, los árboles y los ríos. Aquí, en el Valle de Araitz, los niños juegan descalzos en los charcos que dejan las tormentas veraniegas mientras los adultos observamos su divertimento y nos reímos con ellos. Sienten el agua en sus pies, la aspereza de la tierra y la viscosidad del barro.
Puede que la clave sea sentir. Esos niños han tenido más estímulos en unos pocos minutos que la mayoría de los urbanitas en días. Sentir el entorno, apreciarlo y ser parte sin dañarlo es de lo que nos deleitamos en el primer espectáculo al que pudimos asistir, Izar Hautsa. Unas cincuenta personas, aproximadamente, se acercaron a ver el acto que tuvo lugar entre tormentas y montañas. Estaban allí para ver los números de canto, cuerda, malabarismo, baile, y pole. Entre el público se encontraban personas de distintas edades, pues el espectáculo estaba hecho para que lo disfrutaran niños y adultos.

Todo el grupo de asistentes iba siendo guiado por los y las artistas para que realizaran el recorrido previsto y vieran las distintas actuaciones de forma secuencial. En el bosque, la música fue coprotagonista de cada una de las intervenciones artísticas. Se sintió como un diálogo con la naturaleza, que permitía disfrutar de esta y apreciar lo que es capaz de ofrecernos.

La relatoría
Nuestro trabajo fue transmitir todo lo acontecido a través de la fotografía y el vídeo. El día anterior, en el ensayo, pudimos estudiar el evento para saber dónde posicionarnos en cada momento y, así, capturar de manera fidedigna cada actuación y fase de la jornada de Izar Hautsa. Conocimos al equipo humano, formado por 11 personas adultas y ocho niñas.

El día de la actuación, cuando ya terminamos de recoger todo el equipo técnico y el material usado en los diferentes números, nos invitaron a la asociación vecinal a cenar con los artistas y los vecinos del pueblo de Araitz. Era hora de celebrar el éxito de un proyecto amenazado por la tormenta pero que, entre todos y todas, conseguimos que saliera a flote.


Fotografías: Paz García Blanes y Toni Villegas Nieto






