
Esta propuesta consiste en realizar una exposición a partir de cajas de fruta decoradas de manera comunitaria por los propios vecinos del municipio, tomando como referencia los colores, las texturas y las historias predominantes en el pueblo, algo diferente que nos pareció una forma muy bonita de unir a todo un pueblo.
El primer día, Laura nos explicó en qué consistía el proyecto y salimos a recorrer las calles junto a algunos de sus vecinos. Durante el paseo fuimos fotografiando los colores que más se repetían, los diferentes materiales de las fachadas y a las personas en algunos de los lugares más representativos. Muchos de estos espacios están ligados a historias que han formado parte de la vida de sus vecinos, como la Casa de las 4 esquinas, donde vive Aure, una mujer que también nos ayudó a conocer un poco mejor las raíces de Valtorres.

A medida que avanzaba el recorrido, las personas se fueron dispersando y nosotros teníamos que seguir buscando recursos para grabar. Fue entonces cuando pusimos en práctica uno de los consejos que Pablo nos había repetido durante nuestra estancia la improvisación. Tuvimos que adaptarnos a lo que estaba ocurriendo y continuar grabando con los recursos que teníamos a nuestro alcance.
El taller tuvo lugar el segundo día. En él, las mismas personas que habían participado en el paseo pudieron decorar sus propias cajas de fruta con aquello que más representaba para ellas al pueblo. Chusé, por ejemplo, tomó como referencia su querido olivo centenario, mientras que Angela eligió el banco donde cada día toma el fresco junto a su hermana. Cada caja terminó contando una pequeña historia y, juntas, consiguieron reunir muchos de los recuerdos y lugares que forman parte de la vida de Valtorres.

El último día tuvo lugar la exposición, gran parte del pueblo se volcó en ella. Para nosotros fue un momento muy bonito, ya que nos encontrábamos en los últimos días de nuestra estancia y, después de todas las experiencias compartidas, sentíamos que ya conocíamos a muchas de las personas que habíamos encontrado al llegar. Ellos también nos hicieron sentir ese cariño y agradecimiento, tanto hacia Laura y Pablo como hacia nosotros, por el trabajo que habíamos realizado durante estas semanas.
Durante nuestra estancia, Pablo también nos enseñó que trabajar con personas implica saber adaptarse. Aprendimos a gestionar mejor los tiempos, a ser flexibles y a entender que no todo puede salir siempre como estaba previsto.

Llegamos a Valtorres con la incertidumbre de no saber exactamente qué nos íbamos a encontrar y terminamos descubriendo un pueblo lleno de personas con historias que contar. De ahí nace el documental, un proyecto que pretende mostrar la vida, el cuidado y la pasión de quienes siguen adelante pase lo que pase. Una forma de demostrar que, aunque un pueblo sea pequeño, sus calles, sus personas y sus historias tienen mucho que contar.

Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla.






