
En Valtorres, el campo forma parte del paisaje tanto como las propias calles del pueblo. Las parcelas se extienden a su alrededor y, a medida que nos alejamos de sus casas, el territorio va cambiando y abriendo paso a sus cultivos. Almendros, cerezos y olivos, entre otros, forman parte de un entorno que está estrechamente ligado a la vida de quienes han crecido y trabajado esas tierras.
Durante estos días hemos podido acercarnos a distintas formas de entender esta relación con el campo. En jornadas anteriores conocimos la agricultura como actividad profesional y otros proyectos que buscan recuperar el vínculo con la tierra. Sin embargo, esta vez descubrimos una relación diferente, aquella que nace de la familia, de los recuerdos y del cuidado recibido de generaciones posteriores.

Así fue como conocimos a Chusé, un hombre jubilado que nos enseñó los terrenos que cuida y que forman parte de una historia familiar. Justo al lado de las piscinas del municipio, cuenta con una plantación de almendros, de entre los que destaca un olivo centenario por su vivaz color y que es especialmente querido, como bien nos cuenta: “En el caso de este, es el cariño que le tengo y que le tiene todo el pueblo”. Además, nos habló de su dedicación, ya que tuvo que realizarle una importante poda para recuperarlo y evitar que terminara muriendo debido al peso de sus ramas. Hoy, el olivo, vuelve a mostrar su esplendor después de un cuidado fundamental para mantenerlo con vida, destacando entre el resto de los árboles y de la dura sequía que ha caracterizado estos últimos meses de verano.
En cuanto a los almendros, los bautizó como “los árboles tontos”. La razón está en la diferencia con los olivos, mientras que estos últimos son capaces de desprenderse de sus frutos cuando no pueden aportarles el alimento que necesitan, los almendros tienden a conservarlos. Esto hace que el árbol siga destinando recursos a mantener el fruto, lo que termina afectando a su aspecto y haciendo que sus hojas pierdan el color que tanto las caracteriza.

Después visitamos su terreno situado en la vega del río Jalón. Allí nos explicó el trabajo que realiza con sus olivos más jóvenes y cómo tuvo que afrontar su cuidado después del paso de Filomena. Tuvo que replantar algunos de los árboles, ya que no consiguieron recuperarse de las consecuencias de aquella borrasca.
Asimismo, nos mostró que algunos de los olivos que tiene plantados son “estacas” extraídas del olivo centenario del pueblo. De esta forma, el legado de este árbol tan querido por los vecinos de Valtorres continúa presente en otros olivos repartidos por la zona.

También pudimos conocer cómo funciona el sistema de riego de esta parte de la vega. Se trata de un sistema mediante acequias que se ha utilizado durante generaciones y cuyo origen, como nos explicó Chusé, se encuentra en las técnicas de riego introducidas por los árabes. El agua se distribuye mediante unas compuertas conocidas como “tajaderas”, que permiten controlar qué cantidad de agua llega a cada terreno dependiendo de cuáles estén abiertas o cerradas.
Fue otra forma de descubrir cómo muchas de las tradiciones y formas de trabajar que todavía se mantienen en Valtorres forman parte de una historia que ha pasado de generación en generación.
Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla






