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135 metros de tela, cuatro máquinas de coser endémicas y la diligente labor de decenas de locales

135 metros de tela, cuatro máquinas de coser endémicas y la diligente labor de decenas de locales

Jornadas en las que el pueblo y los colaboradores del Festival Internacional de Mujeres Creadoras han compartido momentos únicos entorno a la costura y el textil

Iniciamos nuestras primeras jornadas de trabajo en el CRV, nuestro nuevo asentamiento artístico.

El martes 18 el espacio del CRV volvió a transformarse para dar la bienvenida a una nueva fase del proceso. Tras completar la recopilación de diversas máquinas de coser, todas preparadas con mucho cariño y paciencia por vecinas de Covarrubias, el sonido ritmado de las agujas se hizo con el taller. Iniciamos así el minucioso trabajo de cosido de las láminas textiles previamente preparadas en el río, una labor constante que se prolongó hasta la mañana del miércoles 19. De esas horas de costura compartida entre estudiantes, jóvenes de la localidad y aquellas vecinas que habían cedido sus hilos, máquinas y alfileres, nacieron cuatro lienzos de dimensiones excepcionales.

De manera simultánea, el proceso creativo buscó la forma de trascender el propio espacio de trabajo. A través de un cuidado seguimiento fotodocumental y de la gestión de redes sociales, fuimos compartiendo cada avance en Instagram. Esta ventana digital se convirtió en un puente directo con las mujeres creadoras del pueblo, permitiéndoles acompañar el avance del proyecto en tiempo real y sentirse partícipes del esfuerzo colectivo que iba dando forma a la materia artística del festival.

Con las telas ya unidas, la tarde del martes nos llevó a colocar provisionalmente los lienzos para comenzar a encajar y escalar los bocetos de las artistas. Una tarea de precisión y perspectiva que ocupó todas las horas de trabajo disponibles y que, de nuevo, se extendió a lo largo de la jornada del jueves 20. Mientras en el taller se repasaba cada trazo y mancha dispuesta sobre los lienzos, dio comienzo el montaje de los cuatro andamios a pie de calle que servirán de bastidor para sostener la instalación.

En este engranaje donde la técnica y el arte se alimentan mutuamente, la labor de Ulder resultó fundamental. Con destreza y oficio, cortó y soldó las estructuras metálicas necesarias para asegurar la fijación de los andamios. De forma paralela, volcó su ingenio en diseñar un mecanismo para dotar de movimiento al carro alado, aportando un dinamismo donde la ingeniería también se pone al servicio de la poesía visual.

Fueron jornadas de costura, metal, perspectiva y pulso compartido. Días que vuelven a demostrar que en +FIMUC la obra no es solo aquello que se contempla al final, sino el entramado de saberes, soluciones técnicas y voluntades que se entretejen para hacerla posible.

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