
Durante los siguientes días nos encargamos de quedar con las otras personas que iban a aparecer en el documental. En este caso, era el turno de Noelia y José. Noelia, con su característica sonrisa y sus ganas de salir adelante, nos contó cómo estaba yendo la finca de los manzanos y cuál había sido la situación durante el año. Según nos explicó, “este año ha salido todo mal, tanto como en monte como en vega”. La primavera había sido muy lluviosa y esto había dificultado que los insectos pudieran polinizar correctamente los árboles. Como consecuencia, hubo mucho fruto que terminó perdiéndose por el camino. A través de sus palabras pudimos conocer cómo las condiciones que se dan durante el año pueden afectar al desarrollo de la fruta y a los resultados de la finca.

Uno de los temas en los que más hincapié hizo Noelia fue en el rosetti o roña, una especie de capa protectora que aparece en la fruta debido a las condiciones climáticas y a los cambios bruscos de temperatura al entrar en contacto con su piel. Nos contó que el hecho de que una pieza presente esta anomalía no significa que el producto esté dañado, sino que puede hacer que sea más dulce. Noelia también quiso reivindicar que el aspecto de la fruta no determina su calidad y que el hecho de que una pieza no sea perfecta o bonita no quiere decir que sea peor. De esta manera, puso el foco en una característica de la fruta que puede hacer que su apariencia sea diferente, pero que no implica que el producto tenga una peor calidad. También nos comentó que, dependiendo del estado en el que se encontrara la manzana, su destino podía ser diferente. Algunas se destinaban al consumo en mesa, mientras que otras podían utilizarse para elaborar potitos, sidra y otras muchas producciones.

A José lo vimos más tarde, ya que, a pesar de su apretada agenda, consiguió hacernos un hueco entre la recogida de las almendras, una tarea a la que estaba dedicando gran parte de su tiempo. Se mantenía tan entrañable como siempre y, al igual que durante nuestra anterior estancia, nos recibió con la misma cercanía que siempre. En esta ocasión, pudimos conocer cómo se realizan los injertos y para qué sirven a partir de un esqueje. Nos fue mostrando cómo se lleva a cabo esta técnica y pudimos comprobar de cerca el resultado en uno de los árboles. En un mismo almendro convivían ramas de ciruelo y de almendro, algo que nos permitió ver directamente cómo se puede realizar este tipo de injerto y cómo dos tipos de ramas diferentes pueden crecer en el mismo árbol.

Por otro lado, José también nos mostró en qué momentos la savia estaba boyante, algo necesario para que el injerto pudiera “agarrar» correctamente. Según nos explicó, este momento se da durante la primavera, cuando la savia se encuentra en las condiciones adecuadas para realizar el injerto. También nos aclaró que este procedimiento no se puede realizar con cualquier tipo de fruta, ya que, en el almendro, únicamente se pueden injertar frutas de hueso. De esta manera, además de conocer cómo se realiza un injerto a partir de un esqueje, pudimos saber en qué época se lleva a cabo y qué condiciones deben darse para que este no sea rechazado.

Entre las manzanas que cambian de destino según su aspecto y los árboles en los que conviven ramas de distintas frutas, fuimos entendiendo que en el campo nada permanece nunca igual. Cada estación trae sus propias características y cada árbol responde a ellas a su manera. Noelia y José nos mostraron, desde dos perspectivas diferentes, que detrás de cada fruto hay un proceso que depende del tiempo, de la tierra y de quienes se encargan de cuidarla.
Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla.






