
Acompañados por Elena y Charo pudimos visitar el museo del pueblo, construido en memoria de Chesús Bernal, uno de los fundadores del partido Chunta Aragonesista. El edificio, que hoy reúne una parte importante de la memoria de Valtorres, fue en otro tiempo la antigua escuela. Ahora, se conserva una colección formada, en buena parte, por objetos que los propios vecinos han ido cediendo para mantener viva la historia del municipio. Recorrer el museo fue también acercarnos a la vida cotidiana de quienes habitaron Valtorres en un pasado. Cada objeto, fotografía o recuerdo aportado guardaba una parte de la historia del pueblo. Sobre todo, nos llamó la atención esa labor de investigación, tanto histórica como en los archivos de los propios periódicos que, junto con la colaboración de sus habitantes, convierten el espacio en un lugar para conservar y compartir la memoria del municipio.
Durante estos días también tuvimos la oportunidad de seguir conociendo el trabajo de Pablo, gestor cultural y una de las personas que nos ha acompañado durante nuestra estancia en Valtorres. Su labor va mucho más allá de la organización de actividades: implica estar en contacto constante con las instituciones, coordinarse con los vecinos, escuchar sus necesidades y conseguir que las distintas iniciativas puedan llevarse a cabo. Pablo nos contó que lleva dedicado a este ámbito desde prácticamente desde nuestra edad, y que una parte fundamental de su trabajo consiste precisamente en conectar a las personas y dar forma a proyectos que permitan al municipio seguir avanzando. Su experiencia nos ayudó a entender mejor todo el trabajo que existe detrás de muchas de las actividades e iniciativas que, desde fuera, pueden parecer sencillas, pero que requieren planificación, coordinación y, sobre todo, conocer de cerca a la comunidad con la que se trabaja.

Además, documentamos uno de los proyectos que Charo y Elena tienen entre manos, ya que Elena, ha decidido ceder una de sus parcelas a Charo, para que esta cultive plantas medicinales y aromáticas. Charo, a sus 70 años, nos sorprendió por la ilusión y la iniciativa con la que afronta este nuevo proyecto. Una edad que, lejos de ser un límite, parece darle más valor a las ganas de emprender algo nuevo y seguir aprendiendo.
Para ella, sin embargo, no se trata de algo que haya surgido de forma reciente, ya que su interés por la tierra y las plantas viene desde su infancia. A pesar de vivir en la ciudad, creció en una pequeña aldea, donde mantuvo ese vínculo con el campo y todo lo que este podía ofrecer. Quizá por eso, al hablar de su proyecto, no lo hacía únicamente como una nueva iniciativa, sino también como una forma de recuperar una parte de esa relación con la tierra que la ha acompañado durante toda su vida.
Asimismo, nos explicó su idea y las posibilidades que pueden ofrecer un proyecto que busca recuperar el vínculo con la tierra y aprovechar los recursos del entorno. Una iniciativa que todavía está dando sus primeros pasos, pero que nace de la ilusión de hacer posible que esas ideas puedan echar raíces en Valtorres.

Ese mismo día tuvimos la oportunidad de visitar una de las explotaciones frutícolas de Noelia. Fue nuestro primer acercamiento al trabajo que se realiza allí y pudimos conocer de cerca todo lo que hay detrás de la producción de los melocotones. Grabamos diferentes tomas de los melocotoneros, tanto de los árboles que todavía tenían fruto como de aquellos en los que la cosecha ya había terminado. También vimos cómo preparaban las cajas donde posteriormente se colocan los melocotones recogidos y cómo los trabajadores realizaban las distintas labores, más allá de la propia recolecta.
Durante esta primera visita, Noelia nos fue explicando algunos aspectos de su trabajo, además de contarnos curiosidades, formas de trabajar y sus propias ideas sobre la agricultura y, especialmente, sobre la fruticultura.
Al día siguiente volvimos a la explotación para grabar y recoger el testimonio de Noelia. Esta vez pudimos conocer con más detalle todo lo que hay detrás del cuidado de los árboles y de la producción de los melocotones. Nos explicó los diferentes procedimientos que se llevan a cabo, los cuidados que necesitan los cultivos y algunas de las responsabilidades que implica la contratación de trabajadores. También nos habló de la importancia de declarar correctamente los terrenos y de llevar un control de los productos fitosanitarios que se utilizan para cuidar los árboles.

Noelia también nos explicó las diferencias entre las dos variedades de melocotón que tienen en la explotación. Entre ellas, se notaba especialmente orgullosa de la variedad Sweet Dreams, una variedad con royalties que este año, a pesar de las dificultades provocadas por las granizadas y los cambios en el clima, ha dado muy buenos resultados, tanto por la cantidad como por el calibre del fruto.
Durante esta segunda visita también pudimos hablar con Carlos, marido de Noelia y socio de la explotación. Compartió con nosotros su visión sobre el cuidado de los árboles y los tratamientos fitosanitarios. En este caso, es él quien está más especializado en esta parte del trabajo y quien se encarga principalmente de controlar estos aspectos.
Más allá de todo lo que aprendimos sobre la agricultura y el trabajo que hay detrás de cada melocotón, nos quedamos con el buen trato que recibimos por parte de Noelia, Carlos y todos sus trabajadores. Y, por supuesto, con Chispa, el perro de la pareja, que no paró quieto ninguno de los dos días. Siempre estaba buscando a alguien con quien jugar y melocotones para comérselos

Como ya mencionamos en la bitácora anterior, el eclipse se convirtió en el gran protagonista del día y casi todo el pueblo estaba pendiente de él. Valtorres se volcó con el momento y organizó diferentes actividades para disfrutar del acontecimiento. El polideportivo acogió un mercadillo con productos de la tierra, mientras que en la plaza se concentraron gran parte de las actividades y la comida. La piscina también tuvo su momento, con un baño acompañado de música de DJ, que ayudó a darle al día más ambiente.
El eclipse comenzó a las 19:30 y, llegado el momento, muchos vecinos decidieron reunirse en un mismo punto para disfrutar de él en compañía. Valtorres tuvo además la suerte de encontrarse entre las localidades desde las que pudo observarse la ocultación total. Había mucha expectación y ganas de disfrutar el momento, pero también había cierta preocupación por la posibilidad de que se produjeran incendios, especialmente después de los problemas registrados en otros puntos de la península. Por este motivo, la Guardia Civil tomó medidas preventivas y acordonó el monte de San Juan, restringiendo el acceso y evitando así que se produjeran situaciones de riesgo. De esta manera, el pueblo pudo disfrutar del eclipse con mayor tranquilidad, un hecho único que siempre recordaremos.

Texto escrito por Indira Jiménez, Adrián Casasola y Milagros Sevilla






